Una leche exigente

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

El nuevo miembro de la familia «Tierra de Sabor» impone unos requisitos de calidad superiores a lo que marca la ley
Son mucho más que unos números y letras que para la mayoría pasan inadvertidos. Un críptico código impreso en el paquete al que no se presta demasiada atención, pero que en el interior de su configuración guarda un montón de secretos que en el caso de la leche «Tierra de Sabor» son la garantía de la calidad y procedencia de un nuevo producto elaborado con materia prima íntegramente procedente de Castilla y León y que cumple unos requisitos «superiores» a los exigidos por la legislación. El número de lote de cada brik del nuevo miembro de la marca de garantía brinda la posibilidad de saber todo el recorrido de la leche. Permite recorrer las huellas de la trazabilidad, esa herramienta obligatoria con la que se puede verificar el cumplimiento de algo, pero que aquí va más allá. Supone hacer un paseo por unos elevados requisitos que se deben cumplir, desde la explotación ganadera hasta la central lechera.
En este caso, en la trazabilidad se recogen desde los tratamientos térmicos a los que es sometida la leche hasta de qué explotación procede la materia prima, incluyendo, además, qué han comido las vacas o en qué tanques se almacenó y transportó y verificar así que «los ganaderos cumplen unos requisitos superiores de calidad», advierte, Óscar Díez, técnico del Itacyl. Unos principios que requieren cumplir con la guía de buenas prácticas y cuestiones higiénico-sanitarias «más allá de lo legal» en lo referente al espacio que debe tener cada animal, la limpieza de las naves y salas de ordeño o que no haya otras especies conviviendo con la cabaña vacuna. Porque «todo influye en la leche». «Los animales cuidados en entornos de bienestar producen alimentos de mayor calidad», afirma Díez, quien apunta que lograr una leche mejor en origen repercute en que luego los tratamientos sean «menos agresivos y sea de más calidad».
Certificación externa
De su certificación se encarga una empresa externa, Certicar, fundada en 1996 para la evaluación de productos agroalimentarios. Esta certificación redunda en beneficio de consumidores, administración, industria y ganaderos, destaca Ileana Calixto, directora general de Certicar, quien subraya que «demuestra el compromiso de los empresarios con la calidad, facilita la venta porque ofrece mayor confianza y protege a los empresarios contra la competencia desleal».
En ello están muy implicados los ganaderos de Castilla y León y, especialmente los 300 que integran la cooperativa leonesa LAR, que suministra la materia prima con la que desde hace unos días se encuentra en el mercado la nueva leche «Tierra de Sabor». «La cultura de la calidad está bastante instaurada», señala Díez, quien resalta que «la relación calidad precio» en este caso «es excelente». Un precio en el que también se tiene en cuenta que los ganaderos reciban una cantidad «justa y digna» por su materia prima, uno de los objetivos del proyecto. De hecho, Gaza, la central lechera zamorana con años de experiencia elegida para sacar adelante esa leche, a partir de un precio igual para todos, prima a los ganaderos en función del cumplimiento de los más de cien aspectos que se valoran al analizar la leche y su origen. Cada tres meses audita a los ganaderos y tiene en cuenta cuestiones tan diversas como la cama en la que duermen las vacas (preferiblemente de arena o paja, aunque ahora se imponen las más higiénicas colchonetas de neopreno), que las reses ingieran lo que marca el nutrólogo, que cada seis meses se haga la pedicura a las vacas o incluso puntúa que tengan rascadores automáticos ya que «limpia, rasca y relaja», destaca José Luis Calvo, director gerente de Gaza.
El esfuerzo del sector ha sido y sigue siendo más que considerable. De media, en los últimos diez años, cada ganadero ha invertido más de 100.000 por explotación —en Castilla y León hay 2.300 granjas de vacuno de leche, con 100.000 cabezas—, y eso se nota en la producción, que está en 366 toneladas al año, por encima de la media de la UE (305).
Vigilancia del proceso
«Las vacas son la verdadera fábrica de la leche, ahí está el secreto», advierte. Por eso, su especial mimo al ganado, sin perder de vista la vigilancia al resto del proceso, desde que se ordeña hasta que llega a la central, se envasa —cada día emplean dos horas en limpiar y desinfectar el circuito— y se coloca en los pallets listos para su envío al mercado, explica Calvo, quien lamenta que a la hora de comprar, muchos consumidores no tengan en cuenta todo el proceso que hay detrás de cada brik de leche.
«Es un oficio sacrificado y necesita mucho capital», asegura a la vez que resalta el compromiso y apuesta por la innovación del sector, como demuestra que muchas granjas están tan informatizadas que con un chip que lleva cada vaca se puede saber cuánta leche produce, qué temperatura tiene, si está en celo o enferma y hasta cuántos pasos ha dado.
http://www.abc.es

Mirá También

Así lo expresó Domingo Possetto, secretario de la seccional Rafaela, quien además, afirmó que a los productores «habitualmente los ignoran los gobiernos». Además, reconoció la labor de los empresarios de las firmas locales y aseguró que están «esperanzados» con la negociación entre SanCor y Adecoagro.

Te puede interesar

Notas
Relacionadas